Centro de Iniciativas Emprendedoras    18 de setiembre del 2019      04:43  hrs.
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Instituto Ciudades Siglo XXI

 

Por una ciudad que asuma los retos y las oportunidades del nuevo siglo

 

Nuestro país, el Perú, al igual que la sociedad mundial tiende a ser cada vez más urbano. En 1940, la población urbana representaba poco más de un tercio de la población nacional; sesenta años después alcanza al 72%, previéndose que ésta pueda alcanzar en un tiempo no muy lejano, niveles superiores al 80%.

El nuevo milenio encuentra a los centros urbanos del Perú en una particular encrucijada: si bien subsisten muchos de los problemas explicitados en la segunda mitad del siglo pasado, también aparecen nuevas oportunidades de desarrollo que permiten aguardar, con razonable optimismo, el futuro de nuestras ciudades.

El Perú ha sufrido un masivo y desordenado proceso de urbanización, merced al crecimiento poblacional y a la migración del campo a las ciudades. Ambas tendencias, sin embargo, se han atemperado en el último decenio, generando una buena oportunidad de aprovechar el denominado “bono demográfico” y emplearlo en beneficio de una consolidación de las áreas urbanas actuales y un crecimiento mucho más racional de las ciudades.

De otro lado, la concentración de la población urbana en Lima Metropolitana ha generado una megalópolis de dimensiones alarmantes junto con centros urbanos alternativos debilitados y con dificultades para garantizar su sostenibilidad. Sin embargo, la diversificación productiva inherente a la nueva forma de articular al país con el mundo globalizado, trae consigo posibilidades de desarrollo más equilibrado para ciudades y pueblos del interior.

Si bien es verdad que el crecimiento inorgánico de las ciudades ha producido notables carencias en la provisión de servicios urbanos de agua, desagüe, energía, vialidad y recreación, no es menos cierto que la estabilidad macroeconómica y las condiciones favorables para la inversión que se han dado en el país en la última década, permiten acceder a fuentes de financiamiento internacional para la gestión pública y atraer recursos de operadores privados que, bien empleados, pueden resolver estas carencias.

La incapacidad de las ciudades para atender las necesidades de empleo y habitabilidad de una población impelida a la migración, ha motivado el incremento de la pobreza y la desigualdad urbanas, que se expresa en la proliferación de barrios marginales –donde viven más de siete millones y medio de peruanos- y en la acentuación de las carencias habitacionales. Ello no obstante, el esfuerzo constructor de la población pobre, sumado a la consolidación de sistemas de financiamiento hipotecario para vivienda social, a la implementación de políticas estatales de regularización de la propiedad y de mejoramiento del hábitat urbano y a la mayor disposición de recursos a favor de la gestión pública –por el incremento de la recaudación y su mejor distribución territorial- hacen posible apostar por una recuperación de áreas urbanas, incluidas las que tienen valor histórico, y una mejora sostenida de la calidad de vida de la población urbana.

Finalmente, la crisis del modelo de sustitución de importaciones ocurrida desde fines de los años ochenta, trajo consigo el colapso de una parte importante de la industria nacional, la informalización de la actividad productiva urbana y la precarización del empleo. En los últimos años, estos dos indicadores se han ido recuperando, merced a una sofisticación del sector terciario –comercio, comunicaciones, turismo, informática- y un promisorio resurgimiento de una actividad manufacturera asociada al proceso de globalización económica y comercial.

Estos datos incontrovertibles hacen necesaria una revisión de las formas de aproximarse a la problemática urbana en el nuevo milenio. Es evidente que las categorías de análisis de la realidad de nuestras ciudades que estuvieron vigentes durante los últimos cincuenta años del siglo XX ya no son útiles para entender sus condiciones actuales y, sobre todo, sus potencialidades.

Las ciudades, como centro de población y actividades, deberían ser el motor del crecimiento económico y del desarrollo social, tal y como lo evidencia la experiencia internacional. Por ello, las ciudades de nuestro país deben afianzarse y prepararse para enfrentar y superar la pobreza, activar las potencialidades territoriales, insertar su economía en el proceso de globalización, ser más competitivas y contribuir al desarrollo equilibrado de la Nación. En buena cuenta, promover el bienestar general y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos residentes y de la población campesina circundante.

Frente a la dinámica demográfica nacional actual y futura y al reto que significa para los actores públicos, privados y sociales procurar la integración, el crecimiento, la conservación, el mejoramiento y la protección de los centros de población, la Universidad Ricardo Palma, en su permanente propósito de contribuir a la mejora de las condiciones de vida de la población peruana, ha creado el Instituto Ciudades Siglo XXI.

El Instituto pretende liderar el proceso de creación de un nuevo urbanismo, que sea capaz de vincular las lecciones del pasado con los requerimientos de ciudades que hoy pueden comenzar a satisfacer de manera eficiente las necesidades y aspiraciones de sus habitantes.

Un urbanismo que no soslaye las diferencias sociales, económicas y espaciales que se presentan entre sus diversos grupos poblacionales, pero que a la vez involucre las variadas herramientas que la globalización, las nuevas tecnologías y el mayor acceso a medios financieros públicos y privados, nacionales y extranjeros, pone a disposición de la ciudad y de sus ciudadanos para reducir tales diferencias. Se trata finalmente de un urbanismo que haga habitables y productivas las ciudades del Siglo XXI.


Última actualización: 2011-02-24